Feminismos Juez y parte

Mujeres (des)habitando encierros

"Esta nota intenta indagar en las consecuencias del encarcelamiento de las mujeres en su grupo familiar, en especial en sus hijes menores de edad. Cuando una mujer es condenada a prisión, las consecuencias para la familia serán gravosas si es quien estaba a cargo de les niñes."

Por Marina Herrera *

(Des) habitar la cárcel

La presente nota intenta indagar en las consecuencias del encarcelamiento de las mujeres en su grupo familiar, en especial en sus hijes menores de edad. Cuando una mujer es condenada a prisión, las consecuencias para la familia serán gravosas si es quien estaba a cargo de les niñes, y más gravosas aún si se trata del principal sostén del hogar en una familia monomarental.

A partir de la sanción de la Ley 26.472 ­del año 2009, por la cual se modificó la regulación de la prisión domiciliaria en el Código Penal y en la Ley Nacional de Ejecución Penal las mujeres embarazadas y madres de niñes menores de cinco años pueden cumplir la pena de prisión, sea ésta efectiva o preventiva, en detención domiciliaria.

El fundamento de la norma es evitar que los efectos nocivos de la prisión que afectan a las madres se irradien a les niñes, quienes sufren la privación de su libertad por vivir dentro de una unidad carcelaria.

El objetivo de la ley es priorizar el derecho del niñe a crecer en un ambiente más sano —que el carcelario— y a evitar la pérdida de contacto con sus progenitores y el consecuente desmembramiento familiar. La ausencia de personas del entorno familiar que puedan acoger y responsabilizarse por les niñes fuera de los muros genera que sean institucionalizades o dados en adopción. Lo que busca esta norma es que les niñes no carguen con la responsabilidad que traen aparejados los actos de sus progenitores, según el principio de la personalidad de la pena.

La Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (Ley Nº 26.061 del año 2005) establece la obligación de respetar y preservar los vínculos familiares o de crianza de las niñas, niños y adolescentes. En el particular, en el artículo 17 párrafo tercero, se establece que, “la mujer privada de su libertad será especialmente asistida durante el embarazo y el parto, y se le proveerán los medios materiales para la crianza adecuada de su hijo mientras éste permanezca en el medio carcelario, facilitándose la comunicación con su familia a efectos de propiciar su integración a ella”.

Con el cumplimiento de la pena que obliga a las mujeres a permanecer en el hogar no se trata de eximirlas de su cumplimiento, sino de encontrar la mejor manera de cumplir el interés estatal de castigar y el reconocimiento de los derechos de les niñes.

Dentro de los muros, las mujeres se jerarquizan como madres, demostrando con hijes propios o ajenos sus habilidades y reconfirmando la premisa social de “ser buenas madres”. La maternidad continúa siendo un dispositivo de disciplinamiento machista y patriarcal.

Desinvisibilizar

En esta nota queremos proponer la prisión domiciliaria como medida alternativa al cumplimiento de la pena de prisión en la cárcel en el caso específico de mujeres embarazadas o mujeres con hijes.

En el caso particular se podrá analizar a través de la historia contada por Brian Molina en el documental “Desinvisibilizar. Una mirada sobre la situación de los niños, niñas y adolescentes con referentes adultos privados de libertad”, la forma en la que, al ser su madre condenada a prisión, se produce una desvinculación entre ella y sus hijes, con el consecuente perjuicio psicológico que todo ello acarrea al entorno familiar. También se busca visibilizar las consecuencias que traen aparejadas parir y criar en la cárcel a través del relato de Nora Calandra y de otras mujeres privadas de su libertad.

Según el informe anual del Sistema Nacional de Estadísticas de Ejecución de la Pena (SNEEP), al año 2019 la totalidad de la población femenina en el Servicio Penitenciario Federal (SPF), era de 982 mujeres, de las cuales 19 afirmaron en la encuesta tener a sus hijes en los pabellones. Asimismo, la población femenina es muy baja en comparación a la masculina que era, en ese entonces, de 12.856 varones; y con respecto a las personas trans, eran solo 45 las privadas de su libertad, la diferencia es significativa pero no abismal. Esto quiere decir que la población femenina representa el 7,1% de la población, mientras que los hombres el 92,6% y las personas trans el 0,3%. Según el último reporte estadístico efectuado por el Departamento de Estadísticas, Censo e Investigación Operativa correspondiente al SPF, a la fecha se encuentran privadas de su libertad 671 mujeres, de las cuales 651 son mayores y 20 son jóvenes adultas.

Inspeccionan el Complejo Penitenciario Federal IV de Mujeres de Ezeiza,  tras un incendio que dejó una detenida en terapia intensiva

Problema y testimonios

El problema que se nos presenta para abordar esta temática es que pese a lo que normativamente se establece, respecto del acceso a la prisión domiciliaria en el caso de mujeres embarazadas o con hijes, actualmente hay una embarazada y seis mujeres con sus hijes en prisión, según lo relevado por el SPF. Una de las consecuencias derivadas del problema es el impacto, no solo personal de la mujer privada de su libertad, sino también el que se produce en su entorno familiar y social una vez que el niñe cumple la edad máxima en la que puede estar junto a su madre en los penales y tiene que ser retirade de ellos.

Alejandra López, Directora General de Políticas de Igualdad de la Defensoría Bonaerense, explicó que “la cárcel no es un lugar para ser madre y mucho menos para criar hijos, (…) el estar adentro hace que el niño tenga complicaciones, porque su socialización no es normal. Está entre 4 paredes y hay patologías que se desarrollan como la imposibilidad de cerrar puertas, (…) los niños están pagando una pena que no les corresponde”.

Lo que afirma López puede ser corroborado a través de los relatos de Belén y de Nora Calandra, dos mujeres madres que pasaron por la cárcel N° 33 de Los Hornos.

Belén cuenta que “uno de sus recuerdos es el planteo que le hizo uno de sus hijos. Tenía 4 años y en una visita le dijo: ‘Mamá, yo también soy chiquito. No tomo más la teta pero sigo tomando leche. ¿Por qué mi hermano se puede quedar a dormir con vos y yo no? ¿Me puedo quedar yo en tu casa y él se va a lo de la abuela?’» Belén también recuerda que le fueron contando sobre los traumas de algunos niñes que salieron de la cárcel al cumplir los cuatro años “que, en sus casas, escuchan el ruido de una moto y tiemblan. Que ven a una persona andando en bicicleta y les da miedo. Lo mismo al ver a una persona disfrazada. Les genera miedo hasta Papá Noel. Ven un perro, un gato o cualquier animal y quieren salir corriendo. Algunos, hasta les dicen a sus mamás ‘¿cuándo volvemos a la casa de antes? la nueva no me gusta’. Son nenes que ya se ponían a llorar cada vez que les tocaba salir de la cárcel para ir al hospital”.

Para Norasus verdaderas enemigas no eran sus compañeras; sino el sistema que permitía que hubiera bebés, niños y niñas en una cárcel. Me abrían las rejas, me las cerraban a mis espaldas y sentía que yo misma estaba metiendo preso a mi hijo”.

Cyntia ingresó a la Unidad Penitenciaria Federal N°31 de Ezeiza embarazada de 8 meses de su hija Brisa. Cuenta sus preguntas recurrentes “mamá, ¿por qué no podemos ir a ese lugar ahora?”, “mamá, ¿por qué esa mujer no nos deja pasar?”, “¿por qué tenemos esta reja?”. Cuando Brisa cumplió cuatro años tuvo que irse del penal. Ver a su hija salir en libertad sin poder irse con ella fue un momento de quiebre en su vida. “Después de que perdí a Brisa se me vino todo encima”.

Irma Colanzi y Belén del Manzo cuentan, en la presentación del libro El sol detrás de esta oscuridad, narrativas de mujeres privadas de su libertad, que una madre privada de su libertad a raíz de haber visto la película “La vida es bella” le hizo creer a su hija que ellas no estaban en la cárcel, que estaban en otro lado, logrando que la niña saliese de la cárcel convencida que no había pasado por ella.

Los estudios refieren que les hijes de personas privadas de libertad son discriminados y estigmatizados y sufren traumas, miedos, vergüenza, culpa y baja autoestima. Muchos niñes comienzan a presentar problemas de salud física y psicológica, y comportamientos regresivos, su desempeño en la escuela empeora y manifiestan tendencias agresivas o antisociales. Algunos de los problemas detectados son cambios en los patrones de sueño o de alimentación, estrés, depresión, síntomas de trastorno de estrés postraumático, hiperactividad, comportamiento agresivo, retraimiento, regresión, comportamiento dependiente o irresponsable, bajo rendimiento escolar, etc. Los padecimientos de les hijes hacen que la experiencia de la cárcel sea particularmente dolorosa para sus madres y que el proceso de adaptación al encierro sea más costoso, lo cual configura un suplemento punitivo informal.

Es por todo ello indispensable el dictado de las prisiones domiciliarias a mujeres con hijes y embarazadas, para mantener y reforzar los vínculos familiares, el mejor desarrollo de la personalidad, disfrutar de la niñez y cumplir ese rol de “buena madre” que la sociedad, aún en contextos agravados por la vulneración de derechos, nos impone.

La selectividad del derecho penal nos demuestra una vez más que “las mujeres encarceladas en América Latina mayoritariamente son jóvenes, sin antecedentes penales, pobres, madres solteras y jefas de hogar, con baja escolaridad, responsables del cuidado de sus hijas/os y de otras personas integrantes de la familia”.

Interrogantes

¿Qué efectos produce el encarcelamiento de las mujeres embarazadas y/o madres de une o más hijes en los menores de cinco años, que conviven con ellas en la cárcel, y en el resto de sus hijes que se encuentran fuera de la prisión? Delimitaremos la investigación a la Unidad 31, perteneciente al Centro Federal de Detención de Mujeres, ubicado en Ezeiza, Provincia de Buenos Aires.

La Unidad Nº 31 recibe a la gran mayoría de las mujeres que cursan un embarazo o viven junto a sus hijes, es el único penal que cuenta con jardín maternal y demás requerimientos previstos vinculados a la atención de la salud y el alojamiento individual.

Un 70% de las mujeres presas en Argentina está en prisión preventiva |  Perfil

El rol de la cárcel

La cárcel tiene un impacto diferenciado para las mujeres debido al rol de cuidado socialmente establecido y es doblemente estigmatizador para ellas si son madres. Según la criminología feminista, las mujeres encarceladas han cometido un doble desvío: se han desviado de la ley y, al mismo tiempo, de su rol genérico que las asocia a determinadas responsabilidades familiares, especialmente a la crianza de les hijes. El desvío de su rol genérico, a pesar de ser señalado y castigado, es reencausado en muchos de sus discursos como prueba y justificación de los delitos cometidos: por ser buenas madres y haber dado todo por sus hijes se encuentran en prisión. Así es como los “roles tradicionales de género” también influyen en las decisiones del poder judicial.

Las mujeres detenidas, respecto de les hijes que se encuentran fuera de los muros, buscan continuar ejerciendo la maternidad desde el encierro, pese a todas las limitaciones y obstáculos que impone el sistema. En este caso se convierte en elemento fundamental la línea telefónica: algunas mujeres despertaban telefónicamente a sus hijes para ir al colegio todos los días o los acompañaban telefónicamente en las tareas escolares. Algunas detenidas expresaron haber resignado las visitas de la familia porque cuidan de sus les infantes. Una mujer detenida en la Unidad Penitenciaria N°8 manifestó que sus cuatro hijos están a cargo de la abuela paterna, que el padre no ejerce una paternidad responsable, pero “ella es una persona mayor, ya está cuidando a los cuatro, no puedo hacer que venga a visitarme o hacer que me los traiga”.

En casos donde las mujeres madres ingresan detenidas a los pabellones sin sus hijes, sea porque éstos tienen más de la edad permitida, el juez o la jueza decide con quien/es se quedan les niñes, o porque en las unidades no se permite el ingreso de menores, se produce no sólo la ruptura del vínculo materno sino también la separación y/o dispersión de les hermanes entre diversos cuidadores o institutos, con la inevitable ruptura de sus vínculos sociales.

El testimonio de Brian Molina, extraído del documental “Desinvisibilizar”, expresa la angustia que padeció, luego de pasar sus primeros 4 años de vida en el pabellón de madres de la cárcel N° 33 de Los Hornos, su institucionalización y la de sus dos hermanos, al ser su abuela denunciada por no poseer la tenencia sobre ellos por la directora del colegio al que concurrían. Brian y su hermano logran escapar del instituto, terminando en la calle y dedicándose al robo y al consumo de estupefacientes, mientras que su hermana logra encontrar una familia adoptiva. Luego de una búsqueda incesante, la abuela logró encontrar a sus nietos varones, y Brian le pidió a un juez de menores que le de la tenencia a su abuela “porque no podía vivir más en un instituto, mi vida se estaba yendo por el caño y necesitaba vivir con mi familia, nada más, que era lo único cercano que tenía”.

Otra detenida contó qué fue lo que pasó cuando la detuvieron “la jueza me dijo que de una de las nenas se hacía cargo mi hermana, de uno de los nenes mi hermano, de los tres más grandes el padre, la más grande con la mamá del padre, y el más chico (de 4 meses) estuvo ocho meses conmigo en la alcaidía. Luego la jueza dijo que fuera con mi hermana. Estuve tres años y seis meses sin ver a mis hijos (Unidad Nº 3)”.

La ruptura del vínculo materno es tan profunda que las mujeres desconocen por completo qué sucedió con sus hijes. Sumado a esto, por el solo hecho de quedar bajo el cuidado de su otro progenitor no se garantiza que les niñes conserven el vínculo maternal ni la convivencia con les hermanes, como surge del relato de una detenida de la Unidad N°31: “Mi ex pareja se quedó con tres de mis hijos y no sé dónde viven. Al mayor se lo dejó a una familia amiga; les dijo: “me voy de vacaciones, vuelvo en dos semanas” y nunca más regresó”.

Además, las mujeres que no cuentan con familiares que puedan asumir la tutela, se enfrentan a que sus hijes sean institucionalizados, situación que implica dificultades para sostener un vínculo con ellos y poder comunicarse, sea por la lejanía del lugar, o por la violencia con la que se convive en los penales. El ingreso a prisión de una mujer madre, en situaciones extremas, puede significar inevitablemente la institucionalización de sus hijes.

Al ingresar las mujeres madres a prisión, les hijes que quedan tras los muros, en muchos casos debieron abandonar los estudios y buscar un trabajo tras su detención. Otras veces, la detención acarrea la necesidad de que niñas o adolescentes asuman responsabilidades de cuidado de sus hermanes más pequeños.

También se presentan casos de niñes con padecimientos que no son propios de su edad, según cuenta una interna de la Unidad N°31 “La nena de 5 años tuvo depresión y se le cayó todo el pelo. Fue al psicólogo y le dijeron que fue por extrañar a su madre”.

Las secuelas del encarcelamiento de las mujeres madres tienen en general efectos devastadores para ellas y sus hijes menores de edad, lo que convierte a la pena impuesta en una pena desproporcionada. Les niñes que permanecen junto a sus madres en los pabellones, cumplen una pena junto a ellas y cuentan con una particular familia intramuros compuesta solamente de mujeres.

¿Qué pasa con estxs niñes?

Nos propusimos demostrar que la imposibilidad de cumplir con el rol materno torna más onerosa la pena impuesta en aquellas mujeres encarceladas que cursan un embarazo o conviven con sus hijes menores de 5 años en la cárcel.

El hecho de que el cuidado de les niñes recaiga principalmente en las mujeres hace que el encarcelamiento tenga consecuencias más gravosas para aquellas que son madres. Las mujeres que se encuentran en conflicto con la ley penal obtienen un mayor reproche social que los varones por haberse apartado del mandato social imperante, esto quiere decir ser sumisas, calladas, cuidar de les niñes, discapacitades, adultos mayores y dedicarse a toda tarea de limpieza, cuidado y cocina del hogar.

El encarcelamiento de mujeres madres suele traer aparejado como consecuencia el desmembramiento del grupo familiar y graves consecuencias en sus hijes, sea en el plano afectivo, psicológico y material. Además, se logró evidenciar que la separación de la madre de sus hijes y los padecimientos que ellos atraviesan tras el encarcelamiento de la madre provocan un alto costo que hace que la adaptación y la vida en la cárcel resulten más difíciles para estas mujeres.

El impacto que provoca el encarcelamiento de la madre en les hijes menores de edad traspasa el vínculo materno-filial y se proyecta también a casi todos los aspectos de la vida de les niñes y adolescentes. En el caso de les niñes que viven en la cárcel, padecen las mismas condiciones deficientes de encierro que sus madres. En les niñes que son mayores a 4 años, que perdieron la convivencia con la madre, algunas de las consecuencias más comunes son el desmembramiento del grupo familiar, la pérdida de contacto con la madre y con les hermanes, el abandono de los estudios o las dificultades de aprendizaje, la depresión, los problemas de salud, quedar a la espera de una adopción en un instituto, entre otros.

La condición socioeconómica de los detenidos y las detenidas en las cárceles está signada por la pobreza, la desocupación, la flexibilización laboral y la marginación, que llevan a muchos de los excluidos del sistema social a la cárcel. Es innegable que la relación entre “condición socioeconómica y delito” que, aunque no sea determinante, hace que exista personas de sectores bajos que tengan más posibilidades de incurrir en el delito y de terminar por ello en prisión.

En todos, o en casi todos los delitos, es de vital importancia aplicar una pena que resulte lo menos lesiva posible para la sociedad en su conjunto. Por ello, es fundamental evidenciar las consecuencias que la cárcel conlleva no solo para la persona condenada, sino para toda su familia y para la comunidad.

Las alternativas a la cárcel son menos costosas y gravosas que la privación de la libertad, no sólo en términos económicos, sino también sociales y comunitarios. La violencia ejercida sobre cualquier persona que traspasa los muros, y particularmente la ejecutada sobre les niñes, siempre termina encontrando una salida donde explotar. Por ello, las medidas no privativas de la libertad pueden ayudar a abordar las necesidades específicas de las mujeres, haciendo posible su reintegración en la comunidad y reduciendo las tasas de reincidencia.

Cuando se interrumpe el vínculo afectivo, la condena es transferida a les hijes y los derechos de esos niñes se vulneran. Debemos evitar que la pena trascienda de quien cometió un delito o se encuentra en conflicto con la ley penal.

Mujeres en prisión: pobres y con hijos, la mayoría está encerrada por pasar  droga en la frontera o venderla al menudeo | RED/ACCIÓN

Un agradecimiento especial a Sofia Schapira por la invitación a a participar en la Revista, a Vilén Ter Gazarian y Soledad Guzmán por las correcciones y a Leandro Costanzo, quien nos hace bajar al territorio y tocar el barro, ese barro que vemos desde las ventanas de Av. Figueroa Alcorta 2263.

¡Porque todes les niñes vivan sus infancias en libertad!

* Es estudiante de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. El presente artículo fue escrito originalmente en el marco de la cursada de la materia “Política criminal de la libertad” a cargo de Leandro Costanzo

Referencias

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: