Capital cultural

Nuestro Vicio

En el cumpleaños número 70 de Charly García, el homenaje de Rándom: una editorial colectiva, un conjunto de fragmentos desde Charly, sobre Charly, para Charly.

Esta revista es nuestra máquina de ser felices. Porque ya sabemos que no se puede ser feliz en soledad y porque Random nace justo en el verano en que García publica su última obra. De ahí que el nombre elegido tenga esa carga dual de homenaje e identidad. No somos la generación que nació a los pies de su contemporaneidad. Si alguna vez lo cruzamos por las calles de Buenos Aires, nos topamos con otra imagen suya: el rostro del Charly curtido de golpes, vicios y leyendas; el Charly de sangre caliente y transgresión plebeya; el que a pesar del deterioro que la historia marca en los gigantes, ostenta vitalidad en sus cicatrices.

A ese mantra fatalista que reza los héroes van a prisión o terminan de enloquecer, le respondemos que los héroes son nuestro patrimonio y que los llevamos para siempre en los corazones, las palabras y las cuerdas.
Porque sin Charly no seríamos nada. Y porque no hay uno sino muchos Charly, queremos homenajearlo con una obra múltiple. Estos diez fragmentos fueron compuestos por distintxs autores y cada unx tomó como punto de partida una canción. Querríamos que entre estos textos pueda entreverse, a contraluz, algo de esa figura heróica, ese vicio más que es nuestro vicio, esa obra de arte total que se llama Charly.

Para quién canto yo entonces

Por Mateo Barros Estrada

León Rozitchner sostuvo que la filosofía piensa cuando el pueblo se mueve. Sobre ese mantra como punto de partida, podríamos decir que García ensaya una respuesta y se pregunta en 1974 en el último tema de Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, “¿Para quién canto yo entonces?” Responde al rato: yo canto para ustedes; ahora que el pueblo se mueve y la filosofía piensa, entonces los artistas componemos y nos cuestionamos, también, ésta existencia. 

La canción forma parte de un disco que se interroga acerca de la conflictividad social que brota en los márgenes de la institucionalidad y que desborda el orden de las normalidades que ésta última postula. El mismo disco que se pregunta por los muertos que empiezan a aparecer luego del fusilamiento ao vivo de Ortega Peña y del atentado al Padre Mugica. Sui Generis señala, tema tras tema, que la represión recrudece. Algo anda mal señor, ¿Qué es eso rojo en su pantalón?

La ajenidad frente a la época nunca fue el estilo de García. Su obra siempre está cortada con el cuchillo del presente que la vio nacer. Arriesgo que, al igual que los grandes intelectuales argentinos -pensemos tanto en Borges y Sarmiento, como en Lugones o Lamborghini-, García piensa la construcción histórica de los mitos de la Nación en la época que le toca atravesar. Así como Lamborghini escribe en “El niño proletario” (1973) que la execración de los obreros también nosotros la llevamos en la sangre, García dirá un año después, en la antesala del terrorismo de Estado: Tengo los muertos todos aquí / Quién quiere que se los muestre? / Unos sin cara, otros de pie / Todos muertos para siempre. 

¿Qué hace el intelectual orgánico argentino? Piensa los mitos nacionales, los escribe o los canta; de esa manera puede aproximarse a la cultura de las masas. Pensemos en el mito como esa creencia superior, esa esperanza super-humana que estimula el movimiento, dice Mariátegui. Los mitos de los muertos nos están tirando las patas, sus cuerpos tienen cosas para decirnos. No se puede pensar ex-nihilo, los vivos tenemos que retomar a los muertos, los rockeros tenemos que prolongar el tango y el folclore al interior del nuevo género. De ese modo, imagino piensa García, los vivos recogen el significado inconcluso de tantas causas en el tiempo histórico.

Pero volvamos al interrogante acerca de para quién canta uno, que el mismo García responde sin ademanes: Yo canto para esa gente / Porque también soy uno de ellos / Ellos escriben las cosas / Y yo les pongo melodía y verso. Ellos escriben la historia y yo la canto, ellos encarnan los mitos. Yo, con la honestidad de mi piano y mi guitarra, les pongo melodía y verso; y sólo entonces, soy parte.

Rockaxis | sui-generis

Es necesario cantar de nuevo, una vez más

Por Pedro Velázquez Nanni

Hoy celebramos el aniversario Nº 70 de quien hace casi 40 años nos decía que es necesario cantar de nuevo. Uno de los artistas que más ha sabido comprender a nuestro pueblo (sino el más); plasmándolo en cada una de sus canciones. Para ello, tomaremos como disparador su primer disco solista “Yendo de la cama al living” de 1982; el cual cumplirá 39 años el próximo 28 de Octubre. Compuesto en soledad y grabado casi de forma individual, en una Argentina que se encontraba atravesando el final de la dictadura cívico-militar más sangrienta de nuestra historia.

En un momento en que la televisión y los medios hegemónicos mostraban puro humo y ocultaban lo que ocurría en Malvinas y en el país, Charly se animó a gritar “Terror y desconfianza (…) por las rancias cunas de poder” y denunciar cómo “los jefes de los chicos toman whisky con los ricos mientras los obreros hacen masa en la Plaza”. (“No bombardeen Buenos Aires”).

Comprometido, como siempre, afinando el grito nuevamente contra una dictadura. Con una prosa cruda, directa y sincera. Cargando con todo el peso de las notas, los arreglos tomados del tango y la música clásica, y los estruendos de su máquina Roland TR-808, “Rucci”. Fabricando cantos que irrumpieron en la sociedad y que continúan entonándose hasta el día de hoy. Encontrando la forma de reinventarse en un momento de angustia y desazón para todo el pueblo Argentino 

Jóvenes, artistas, militantes, y muchos más, se plegarían en las distintas voces que conforman los coros de estrofas y estribillos; dando inicio a toda una nueva generación. 

Acompañado del flaco Spinetta, cantaba “ya no quiero vivir así, repitiendo las agonías del pasado. (…) Es muy duro sobrevivir, aunque el tiempo ya los ha vuelto desconfiados” (“Canción de 2×3”). Un llamado a la memoria colectiva. Para reconocer los hechos, evitar que se repitan y formar herramientas para edificar futuro. Para construir y reconstruir nuestra identidad. Recordando en sus canciones a quienes nadie quería: exiliados, hambrientos, presos, locos y desaparecidos y desaparecidas.

Hoy nos encontramos acá, saliendo a las calles nuevamente, superando día a día una pandemia que nos azotó fuertemente durante más de año y medio. Preocupados por los que se quedaron sin nada. Recordando a quienes no soportaron más. Pero acompañándonos con tus canciones que hace décadas forman parte de nuestro repertorio de encuentros y fogones. 

Es por eso que estés donde estés, en un teatro, en un estudio, o yendo de la cama al living; siempre vas a estar en nuestro inconsciente colectivo. Gracias por cantar de nuevo, una y otra vez. Ayer, hoy y siempre.

Te quiero, Charly.

Charly Garcia – Yendo De La Cama Al Living (1983, Vinyl) - Discogs

Plateado sobre plateado

Por Aldana Martino

Cuando salí del subway, tuve que abrirme paso entre los edificios de Manhattan para ver el cielo de celofán. Era poco más que una hormiguita que se trepó de casualidad al set de filmación de una película. Una película que era una ficción para mí pero era la vida para los demás: como la señora que en la 77 st. alimentaba a cinco gatos que, me enteré después, acudían a su puerta todos los días a la misma hora deseantes de hígado y de amor, mientras sonaba Lady in Autumn de Billie Holiday en el café de la esquina.

Había algo en la forma de habitar la maravilla de lo desconocido que inevitablemente se mezclaba con una sensación de ajenidad. Pensaba en esa contradicción mientras subía por la Lexington Avenue, cuando empecé a tararear un pedacito de una canción. Algunos hijos son padres, y algunas huellas ya son la piel. Era un Charly en sus clics modernos, grabado muy cerca de donde yo pisaba pero 40 años atrás, el que se me presentaba para hacerme acordar que para reflexionar sobre todas esas contradicciones, para sentir el goce en el encuentro con lo desconocido, hay que tener en la mochila un pasaje de vuelta a tu país.

No era el caso de los que tuvieron que dejar sus tierras, cruzando el mar de Sudamérica a Europa. Charly, consciente de que la canción tiene el poder de decir hermosamente las verdades de este mundo, logró inmortalizar para las generaciones que seguimos una realidad que no nos tocó: la del exilio.

Supongo que exiliarse es una experiencia que se habita de las más diversas formas. Con desgarro, con valentía, con ansiedad, con bronca por tener que irse, con dudas por no quedarse. Y es que, ¿qué opción les quedó a los nuestros y a las nuestras cuando vinieron los dinosaurios a regar de sangre nuestro hogar?

Julia Prilutzky Farny, una poeta ucraniana naturalizada argentina había escrito a mitad de siglo que la Patria está “allí donde partir es imposible, donde permanecer es necesario, donde el barro es más fuerte que el deseo de seguir caminando”. Ella había encontrado en Argentina ese lugar, la tierra de las cuerdas de Julio Lacarra que le pusieron música a tamaña definición de la Patria.

Pero hubo en este país quienes no tuvieron esa suerte. ¿Quién puede permanecer? y ¿cómo se hace para vivir lejos del barro? Por suerte Charly, que nació para interpretar este mundo de contradicciones nos aportó otra de sus grandes claridades. Nos pegó con un bajo en el pecho para decirnos: nos quedamos por tener fe, y nos fuimos por amar. Las dos cosas están bien y las dos cosas son, en definitiva, lo que podemos hacer con el tiempo que nos toca. Gracias Charly, por dejarnos ser lo que podemos ser y por ser vos un poco de todos nosotrxs.

Estoy verde (no me dejan salir)

Por Laura Reverter

Charly García es mi papá. Sí, Charly es mi papá. 

Era muy chica.. habrán sido los 2000 y yo tenía 6, 7 años y recuerdo que mi papá cantaba estoy verde y no me dejan salir… sin parar frente a un televisor que pasaba las noticias… tengo que confiar en mis sentimientos. Un señor, muy flaquito, rompía una guitarra contra el escenario… “Charly otra vez descontrolado” o algo similar rezaba el graph que yo miraba con cara de impresión. No entendía por qué ese señor hacía eso y le decía a mi papá que deje de cantar esas canciones, no me agradaba. En mi imaginación de niña, estoy verde me remitía a monstruos gigantes que yo no entendía cómo podía gustarle eso. 

Aquella era su etapa Say No More. Creo que logré entenderlo -tal vez nunca lo suficiente- recién muchos años después y dejó de darme impresión para deslumbrarme.

Si la herencia es aquello que se transmite a la descendencia, lo que se deja en nuestro paso por el mundo terrenal, la mía tiene la cara de Charly García. Aquello a lo que nos parecernos a nuestros padres, también lo que nos dejan ya sea en forma material o en forma espiritual. Y me gusta entenderlo también como la herencia misma de mi país. 

No sé cuántos artistas logran borrar las fronteras generacionales como lo logró Charly. Es un principio que no encuentra límites en su vigencia. Charly está. Charly está en cada etapa de nuestra historia reciente, no es de una época, es de todas y en todo caso hay uno de nosotros para cada etapa de Charly. Pasan las generaciones, pasamos los mortales y Charly sigue estando.

Y como la base y el punto de partida de las cosas, hay Charly García en toda la esencia social y cultural argentina, irradiando su existencia como parte de nuestro ADN. Nos componemos de grandes hitos en la historia y uno de esos es el señor Carlos Alberto García Moreno. Así, los argentinos vamos llevando un poco de Charly por el mundo, como si estuviera en nuestra sangre, como si no hubiera cómo desprenderse de él. 

Que difícil es entender a los genios porque al final no te dejan más opción que rendirse a sus pies. Los del ser humano extraordinario, del humano que es más que un humano que deslumbra ante su existencia pero que también por suerte nos pertenece. Me gusta pensar que Charly es mi herencia, porque eso quiere decir que Charly es mi papá y que también soy yo. 

No soy un extraño

Por Micaela Prancevic

El tema más melancólico y uno de lo más conmovedores de Clics Modernos. Una mezcla entre Vangelis y tango. Algo de allá y algo de acá, quizás. El segundo tema del segundo de los discos que Charly grabó en Nueva York. Por eso, tal vez, una especie de puente entre el exilio y la vuelta. Y en éste, se lo escucha a Charly rememorando. Es un tema que instantáneamente me lleva de paseo por las calles del bajo o del centro de Buenos Aires. Un tema que tiene ese no sé qué…

Me gusta verlo tocándolo en vivo prendiéndose un pucho porque es tal cual como me lo imagino. Un Charly contemplativo, caminando, fumando… pasando las casas, las plazas. Esa vista hermosa del sol que cae y las luces que se encienden. La vida nocturna que se despierta en esos barrios y que los reavivan, como si de repente se vistieran de gala. Y Charly, desde allá, pensando en estar acá. Me gusta imaginar que es un poco la autoafirmación en el exilio de ser de esta tierra y de este tiempo, aunque, claro, siempre comunicado con todo lo demás. Como quien dice: no soy un extraño, soy de acá.

Como siempre, la estructura armónica y melódica dice más de lo que dice en sus temas. La atmósfera que, como decía, remite un poco al soundtrack de Blade Runner con esos sintes voladores. Un clima de vapor y luces de neón, de extrañeza, de recuerdos, de soledad. La particularidad del maestro de convertir en sonidos los sentidos. La voz, un poco lánguida y otro tanto etérea, flotando muy por arriba de la línea de bajo lleva a pensar en la cadencia de un pensamiento. La máquina de ritmos, que usa en estas épocas haciendo las baterías, marcando las corcheas sin pausa y casi que hace escuchar el ruido del tráfico de fondo. Y por supuesto, un bandoneón recordándonos dónde estamos.

La represión se escucha durante toda la letra, en sus sentidos más amplios. Tanto en relación al abuso de poder de las fuerzas, que seguía en ese momento a flor de piel, como también a los prejuicios de una sociedad que censura otros modos de existir. Por ejemplo, la posibilidad de dos tipos en un bar que se toman de la mano y bailan un tango. Un disco que salió en noviembre de 1983, apenas unas semanas antes de la asunción de Alfonsín, y enmarcado en un Charly rumiando las tragedias.

Pero, como siempre, creo que logra magníficamente hacernos sentir mucho y dejarnos siempre arriba. El tema se despide con frases de esperanza: desprejuiciados son los que vendrán, y los que están ya no me importan más. Como si pusiera en palabras la temperatura exacta de la época: la esperanza de la vuelta a la democracia.

Charly Garcia – Clics Modernos (2020, Vinyl) - Discogs

No se va a llamar mi amor

Por Mair Williams

En entrevistas Charly da un cierto tipo de respuesta: simple, graciosa e inesperada. Así es la historia detrás de No se va a llamar mi amor. Charly le quería poner Mi amor a una canción pero ya había una con ese título y Sadaic no lo permitió. Bueno, entonces no se va a llamar mi amor.

La canción también es simple, graciosa e inesperada. Son dos minutos de punk. Digo yo, que no sé de géneros, pero me da punk eso que pone a hacer a los instrumentos y la letra repetitiva y la desprolijidad. Capaz es un rock, es un blues, es una mesa de luz, es un mambo de xuxú, un manual de kapelusz. Ahí se meten un montón de objetos inesperados, en una canción que venía diciendo mi amor, mi amor. Charly también hace mucho eso, pegar volantazos, picarla, colar una frase fuera del libreto en un vivo: menta dos hielos y agua.

Charly habla seguido del “concept”. En esta canción hay un concept muy propio suyo que a mí me dispara una alegría medio demente, un concept bastante punk. Es el de Charly respondiendo simple, graciosa e inesperadamente. A una regla burocrática estúpida Charly le responde con un chiste que al cumplir la regla también se burla de la regla y la traiciona. Así responde también en muchas entrevistas: un poco con un chiste y un poco dejando claro que le parece una estupidez lo que se le propone, o lo que se le impone.

Esa energía que despliega Charly en no se va a llamar mi amor, la despliega en 1984. Posdictadura fresca. El poder de ponerle nombre a las cosas estaba siendo recontra importante, porque había habido censura y había que armar discurso oficial que también puso sus reglas sobre qué decir y cómo. Pero el espíritu de Charly es escurridizo y encuentra la manera de decir lo que no se puede si tiene ganas. En dictadura, en posdictadura, con Susana, con Lanata, con quien sea, en cualquier canción, en el himno, Charly va y hace lo que le parece. Si no da decir algo de una manera, él se inventa otra manera, más genial.

Por eso no se va a llamar mi amor, para mí, es una canción perfecta. Porque es una respuesta simple, graciosa e inesperada a algo complicado, solemne y cerrado como un imposible.

A veces una situación se traba, una posición se clausura, está prohibida una ideología, una canción, una chica. Y vos ponés a Charly en los auriculares y te volvés a tu casa pensando: estás prohibida, estás prohibida. Bueno, si estás prohibida, si no te puedo decir mi amor, entonces no te voy a decir mi amor. ¿No se puede decir? Lo digo de otra manera, y ustedes pásenlo en la radio.

Sabés que no aprendí a vivir

Por Adela Feliz

I. Lo que puede un cuerpo

Mi papá es un mártir, dijo una vez el hijo de Charly García. Él mismo cantaba y decía que estaba en guerra, sin decir nunca contra quién ni por qué. Si lo tomamos en serio, podemos preguntarnos en nombre de qué se inmoló durante tanto tiempo. Charly, el más porteño de los porteños, en la caótica urbe, recorrió década por década el dilema de cómo vivir sin asumir los clichés de cada época: con la invención del rock a inicios de los 70s, con la creación de un lenguaje propio durante la dictadura, con una profunda ironía en los 80s, con el encierro y la soledad que lo acompañó en la larga década de los 90s, en su larga etapa Say No More. La experiencia de la vida como inseparable de una cierta resistencia, sea en el lenguaje, en la música o en el propio cuerpo. Un estoico cuyos ejercicios espirituales no coinciden exactamente con lo que pensamos como salud. Además de haber sido la persona que más cocaína consumió, debe haber sido el músico que más horas pasó tocando: llegó al punto cúlmine de querer dar un recital de 24 horas seguidas en la Trastienda. Como no lo dejaron, le rompió el local a Telerman.

II. Alteraciones: algún día se va a abrir esta trampa mortal

Fito Páez explica cuál fue la invención específicamente musical, armónica, de Charly García. Esa sútil y hermosa alteración en la manera de construir los acordes impone una tensión en la democracia realmente existente caracterizada por el secuestro del ánimo a la vida doméstica y donde las personas, según el pronóstico de Charly, iban a pasar muertas de hambre en la calle mientras la gente miraba la televisión. Una fracción pequeña de nacionalismo irónico en sangre me dice: no nos hace falta Mark Fisher para entender estas cosas que Charly dice mejor (Todo el mundo sabe bien/ Que no hay salida / Somos suicidas / Y es la verdad).

III. El karma de vivir al sur.

Según dijo, Bancate ese defecto hablaba sobre que los argentinos teníamos un defecto y que solo podíamos ser originales si nos hacíamos cargo de ello. Como en Borges, ser argentino en su versión porteña era una fatalidad de la cual era imposible desprenderse, siquiera grabando Clics Modernos en New York. Pero, como decía Jorge Luis, nuestra tradición es toda la cultura occidental, y creo también que tenemos derecho a esta tradición, mayor que el que pueden tener los habitantes de una u otra nación occidental. Ese derecho a apropiarse de manera libertaria de la cultura mundial se pliega en García con la pregunta por qué puede un cuerpo: por eso decía que él llevaba “al rock en él corazón, la música clásica en la cabeza y el tango en las manos”. Solo un cuerpo que vibraba en tres velocidades distintas, como esta maldita Ciudad, pudo entregarnos la música más hermosa.

Piano Bar - Album by Charly García | Spotify

Hablando a tu corazón

Por Die Noia Futuriszka

“Reflejos dorados en un ojo” era el título de una nota de (creo) la revista Cerdos y Peces sobre Charly, para la que fue a mi casa a una sesión de fotos. Mi pareja de aquel entonces era una magnífica fotógrafa y yo la asistía. Esa noche lo sometimos a una puesta casi sádica, en la que proyectábamos un punto dorado de luz en su ojo derecho, lo que demandó cerca de una hora y media para obtener un resultado aceptable.

Durante ese tiempo, Charly, obediente, no movió un pelo y se puso a total disposición de la fotógrafa. Hablaba muy poco, pero cuando lo hacía, era de una educación y una dulzura que contrastaban con su imagen pública, de demoledor de hoteles y escabio sólido. Conversé con él en el intervalo, comentándole que él (y varios de los integrantes de La Maquina de Hacer Pájaros) habían participado de la grabación de un tema de mi banda adolescente, de lo cual se acordaba con pelos y señales.

¿Era Charly un joven sosegado, tímido, apto para abuelitas, entonces? Para nada.

Esa era la forma que tomaba este alienígena para interactuar con los terrícolas.

Charly es lo más punk que dio este bendito país, mucho más punk que todos esos imitadores locales de Sex Pistols o Ramones. Charly es la libertad, pero no la de los libertarios actuales, sino la del espíritu, la del arte y la de vivir como se le cantó. Lo hermoso de eso es que, viviendo como se le cantó, siempre estuvo del lado correcto de la vereda: sin abandonar el lenguaje puramente artístico, guillotinó a la dictadura en canciones como Alicia en el País, apoyó firmemente a las Madres y a las Abuelas, habló sin tapujos de propias debilidades en sus canciones y estuvo al lado de la mejor presidenta que tuvo la Argentina. Aún así, esto es poco comparado con la inmensidad de su producción estética.

Él surfeó entre lo sinfónico (Sui Generis, que hoy lo escucho y me suena a MGMT!) y ese maravilloso minimalismo de Yendo de la Cama al Living y Tango. No dejó nada sin abarcar, casi como sus amados Beatles. Su formación clásica fue hackeada por su desobediente creatividad, y entre esas dos opciones, construyó su catedral sonora.

La música que hoy hago seguramente esté influenciada por algunas de sus composiciones. En el mismo nivel que Tomorrow Never Knows de The Beatles, o Suicide de Spacemen 3, para mi está Hablando a Tu Corazón, ese drone de prácticamente un solo acorde, que no le habla a tu conocimiento musical, ni a tu comprensión de textos, sino directamente a tu corazón.

Charly es el puto amo.

Charly Garcia - Pedro Aznar – Tango (1986, Vinyl) - Discogs

Estoy comunicada con todo lo demás

Por Miranda Schwarzberg

Qué difícil es escribir algo original sobre Charly García. Es que Charly es la banda sonora de mi vida. Y posiblemente de la de muchas otras vidas distribuidas a lo largo del tiempo. Es algo que no prescribe, como el peronismo, excede las valoraciones individuales y marca el trazo de la historia.

En fin, pienso y recorro su discografía. Me impresiona la importancia de la locura en sus letras. Vuelve con esa idea constantemente. Como si quisiese justificar algo, o más bien profundizar en algo. Charly siempre será el loco del bigote bicolor, el que se tiró de un noveno piso de un hotel, el de las paredes sucias y graffiteadas, el que sale a tocar cuando se le canta el culo. Creo que Charly le encuentra el encanto a este mundo hostil gracias a la locura.

“¿Creen que estoy loco? ¡Mejor!”

Eso es lo que me ha enseñado Charly para toda la vida: que lo normal aburre y adormece, que está bien una dosis de rebeldía para romper con la inercia de lo cotidiano, que es sano encontrarle el gustito al caos, desconfiar de las verdades impuestas por los grandes poderes y desestabilizar así las sociedades disciplinadas. Mejor el desorden de la revuelta al orden de la dominación y el aburrimiento.

Yo también quiero, como Charly, ver muchos mas delirantes por ahí, bailando en una calle cualquiera. Quiero y disfruto de la viveza desestructurante de la noche porteña, esa porteñitud que es tan identitaria en él.

Y a mi, que en el día a día se me da por ser moralmente correcta o socialmente viable, me gusta pensar que, en el fondo, en un lugarcito de mi corazón siempre va a estar Charly y su locura, y su argentinidad -que por cierto, van muy de la mano-, para marcarme un poco la cancha cuando todo está sospechosamente tranquilo. En la inercia del mundo, de este mundo -desigual, neoliberal, paralizante- la transgresión es ese ejercicio que opera el movimiento y nos muestra un más allá, nos comunica con todo lo demás.

Filosofía Barata y Zapatos de Goma - Album by Charly García | Spotify

Alguien en el mundo

Por Dante Sabatto

El cuerpo de Charly. Posthumano, pero aún no póstumo: el cuerpo García vive. Entre el desfile de ataúdes que es nuestro país, el cuerpo García camina. ¿Qué puede un cuerpo argentino? Puede tanto que a nuestros muertos los secuestran, les serruchan las manos, los tiran al río, los tapan en tumbas masivas NN. Pero en algún lugar del mundo Charly es alguien y es un cuerpo que vive.

¿Qué vive el cuerpo de Charly? Lo que nosotros no podemos. El reviente continuo de la sociedad y el Estado. Fue una lenta transubstanciación, de Carlos Alberto García Moreno a un síntoma aullante, una inmensa cicatriz en blanco y negro que se agita en la tormenta del Concierto Subacuático. 

Somos en Charly, Charly nos es. No hace falta pensar en la multitud gozante de un recital. Charly no necesita tocar, el show es su cuerpo. Doblándose en mil pliegues mientras batalla contra Lanata, estremeciéndose en una habitación de hotel, saltando del noveno piso… Durante la década de los 90 la Argentina emprendió un proceso de autolesión maniática, no ya el genocidio sino su legitimación masiva y la construcción de un ethos común que lo aceptara. Y ahí estaba el cuerpo García, sus espasmos acompañando el ritmo de la época.

Luego del estallido, lo contaba en Tu vicio: “quién te hará el aguante, quién te dará antes todas esas cosas que no puedes comprar”. Cuando no quedaba nada en Argentina, quedaba el deseo. Aun capturado completamente por el goce consumista del capital. Influencia, el disco que incluye ese tema, a duras penas es un álbum: parece más bien una amalgama sin principio ni final donde las canciones se reiteran una y otra vez. Charly, la Argentina hecha síntoma. Una deriva crecientemente esquizofrénica que terminó… Que no terminó.

Porque todavía alguien en el mundo piensa en mí, ¿no, Charly? Contra todo pronóstico, allí sigue: los ojos muy lejos, pero no se ha quedado solo. Pensar en Charly es pensar en nosotros. Soy insoportable, dice, una verdad que nos escupe a la cara: a veces la Argentina es insoportable. ¿Cómo, cómo, cómo mierda está vivo, y cómo estamos vivos nosotros? No es un milagro: es que Charly nos hizo reír. Es que pensamos en él, es que, como dice Tu vicio, alguien en el mundo nunca te va a dejar. Gracias por no dejarnos, Charly. Por no dejarnos morir.

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